Locales cerrados, morosidad en alza y dólar bajo: el diagnóstico que todo tucumano necesita escuchar
El economista Eduardo Robinson analizó en Mediodías Taficeños por qué cada vez hay más locales vacíos, qué está pasando con las deudas de los argentinos y si el dólar barato es una bendición o una trampa.
¿Por qué hay cada vez más locales cerrados en Tafí Viejo y en toda la provincia?
La pregunta que muchos se hacen al caminar por el centro ya tiene respuesta técnica. Eduardo Robinson, economista de reconocida trayectoria en Tucumán, lo explicó con claridad en Mediodías Taficeños (Dale FM 104.7): abrir un local comercial hoy tiene un costo altísimo y del otro lado del mostrador hay cada vez menos poder de compra.
«Alquiler, impuestos, empleados, electricidad, habilitación municipal. Todos esos costos están creciendo mientras las ventas están estables o a la baja», señaló Robinson. El resultado es una ecuación que no cierra para el comerciante, que prefiere cerrar el local y vender desde su casa, muchas veces a través de grupos de WhatsApp o redes sociales.
La indumentaria es el sector más golpeado. Y el fenómeno no es exclusivo de Tafí Viejo: se replica en toda la provincia y en el país.
El dato que nadie quiere ver: la morosidad bancaria se triplicó
Uno de los indicadores más contundentes que aportó Robinson fue el de la morosidad bancaria. Según los últimos datos del Banco Central, la tasa de mora en entidades bancarias está llegando al 10 por ciento. En entidades no bancarias, al 27 por ciento.
El número cobra toda su dimensión cuando se lo compara con la historia: la morosidad bancaria histórica en Argentina rondaba el 3 por ciento. Es decir, hoy estamos prácticamente triplicando ese valor.
«Hay atraso con tarjetas de crédito, con créditos personales. Eso es lo que se lleva el mayor porcentaje del retraso«, explicó el economista. Un termómetro directo de lo que le está pasando al bolsillo del tucumano promedio.
Los salarios perdieron contra la inflación en el primer trimestre
El cuadro se completa con otro dato que Robinson puso sobre la mesa: en el primer trimestre del año la inflación acumulada fue del 9,4 por ciento, con un promedio mensual de alrededor del 3 por ciento. El problema es que la mayoría de los salarios no subieron al mismo ritmo.
El resultado es una pérdida real del poder adquisitivo que se traduce directamente en menos consumo, más deuda y más locales vacíos. Un círculo vicioso que por ahora no encuentra salida clara.
¿El dólar está barato o es una trampa?
La pregunta que divide aguas tiene una respuesta técnica según Robinson. Tomando el tipo de cambio real multilateral histórico desde 1997, el economista calcula que el dólar debería estar en torno a los 1.800 pesos. Hoy cotiza alrededor de 1.400 pesos. Eso significa, en términos técnicos, que el dólar está retrasado.
Pero hay un contrapeso importante: la oferta de dólares es muy fuerte. La cosecha de soja viene muy bien, con buenos precios internacionales. A eso se suman los ingresos por energía y minería. Por eso el dólar se mantuvo estable e incluso bajó en los primeros meses del año, algo inusual históricamente.
El problema, advirtió Robinson, es para el sector exportador. «El que tiene que exportar limones ve sus costos subir mientras el dólar está estable o baja. Eso es una doble Nelson que ahoga al sector productivo», graficó. Una ecuación especialmente dura para las economías regionales como la tucumana, donde los costos de transporte y logística son muy altos.
Tucumán, una de las provincias con mayor presión fiscal del país
Otro de los temas que abordó Robinson fue la carga impositiva provincial. Su diagnóstico es directo: Tucumán es una de las provincias con mayor presión fiscal de Argentina.
Ingresos brutos, impuesto inmobiliario, sellos, impuesto automotor. Una combinación que desalienta la inversión y empuja a los comerciantes y emprendedores a la informalidad. «Ningún potencial inversor quiere pagar impuestos. Mira dónde puede pagar menos y se radica ahí», explicó el economista.
A eso se suma que el NOA es una de las regiones con menor cantidad de salarios formales y mayor informalidad laboral del país. Un combo que reduce la competitividad de la provincia para atraer inversiones de envergadura.
