En Mediodías Taficeños, la encargada del área de compostaje del CIAT reveló el sistema de tres escalas que convierte residuos en recurso y dio el paso a paso para replicarlo en cualquier hogar.

Compostaje
Tafí Viejo procesa hasta 300 toneladas de residuos orgánicos por mes: cómo y por qué deberías compostar en tu casa

 

Trescientas toneladas. Ese es el volumen de residuos orgánicos que el municipio de Tafí Viejo puede procesar cada mes en el Centro de Interpretación Ambiental y Tecnológico (CIAT) a través de un sistema de compostaje industrial que pocos conocen y que está en proceso de certificación nacional. La licenciada Rebeca Padilla, encargada del área, lo contó en Mediodías Taficeños en una entrevista con Sebastián Gil Olivares que arrancó con un dato y terminó con una receta.

«Yo soy feliz de contar sobre el compostaje y animar a más personas que composten», dijo Padilla desde el inicio. Y lo que siguió fue una clase práctica, precisa y sorprendente sobre lo que hace el municipio con lo que otros simplemente tiran.

 

Un sistema en tres escalas que muy pocos conocen

Lo que hace Tafí Viejo en materia de compostaje no es una iniciativa aislada. Es un sistema estructurado en tres niveles que va desde el hogar hasta la industria.

El primero es el compostaje domiciliario. El municipio brinda talleres en colegios y para vecinos, disponibles a través de la aplicación Tafí Recicla, y distribuye tapas de compostera para que las familias puedan arrancar en sus propias casas. Varios colegios ya se sumaron y tienen sus propios sistemas funcionando.

El segundo nivel son los cinco puntos verdes distribuidos en el municipio, abiertos las 24 horas, donde los vecinos pueden acercar sus residuos orgánicos para compostar de manera comunitaria. Verdulerías y comercios también pueden hacer uso de estos espacios.

El tercero es el CIAT. Ahí opera el compostaje a escala industrial, con una capacidad de entre 200 y 300 toneladas mensuales. Los materiales que ingresan son específicos y controlados: limón de agroindustria, aserrín de madereras locales, guano de productores avícolas, poda municipal chipeada y pasto de mantenimiento de áreas verdes. Nada más. La rigurosidad no es capricho: el compost del CIAT está en proceso de certificación ante la SENASA y debe cumplir estrictas normas de calidad.

El compost que produce el municipio: dónde va y cuánto cuesta

El producto final tiene clasificación clase A, la más alta en términos de calidad. Su destino principal es el vivero municipal y el enriquecimiento de las áreas verdes de la ciudad. Pero hay más: una parte se distribuye como premio a los vecinos que llevan residuos secos a los ecocanjes, en bolsitas que los promotores ambientales entregan como reconocimiento a la separación en origen.

Y también se comenrcializa. El kilo de compost del CIAT cuesta $300 y puede adquirirse directamente en el centro. Padilla lo destacó como una alternativa concreta y legal frente a la extracción de tierra de los cerros, una práctica ilegal que históricamente suplió la demanda de sustrato natural en la región.

 

Cómo compostar en casa: el paso a paso que cualquiera puede seguir

La parte más práctica de la entrevista fue el instructivo domiciliario que Padilla desarrolló con precisión y entusiasmo. El sistema requiere poco espacio, ningún conocimiento previo y dos elementos básicos: un recipiente pequeño en la cocina, que en el municipio llaman biotacho, y dos pozos o tachos en el exterior.

El biotacho es el punto de partida: ahí van durante el día todos los residuos orgánicos de la cocina, cáscaras de fruta y verdura, hierbas, saquitos de té, café. Al final del día, ese contenido se vuelca al pozo o tacho exterior.

Los materiales se dividen en dos categorías. Los verdes, húmedos y frescos: frutas, verduras, hierbas. Los marrones, secos: hojas caídas, aserrín, papel sin tinta, cartón. La clave es el equilibrio entre ambos, colocados en capas. Luego hay que mezclar una vez por semana y controlar la humedad con la técnica del puño: tomar un puñado de material y apretarlo. Si salen una o dos gotitas, la humedad es correcta. Si no sale nada, está seco. Si sale demasiada, hay que agregar más material marrón.

El proceso completo lleva entre cuatro y cinco meses. Al final, donde había cáscaras y restos de cocina aparece tierra negra, sin olor, lista para abonar plantas y macetas.

 

Por qué importa más allá del jardín

Padilla cerró la entrevista con un argumento que va más allá de la huerta doméstica. Cuando los residuos orgánicos terminan en el relleno sanitario, se descomponen en condiciones inadecuadas y generan metano, un gas de efecto invernadero. Compostar en casa interrumpe ese circuito y convierte un residuo contaminante en un recurso útil.

«Uno gana por todos lados», resumió la licenciada. Y la frase, dicha con convicción, describe exactamente lo que el municipio de Tafí Viejo lleva años intentando demostrar con resultados concretos.

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