El arquitecto taficeño Facundo Benero contó en Mediodías Taficeños cómo una invitación inesperada lo llevó de Buenos Aires a vivir en Niza.

Lo veía «como algo muy lejano», porque cuando uno crece en un pueblo chico hay cosas que parecen poco probables. Hoy, Facundo Benero mira el mar desde una ciudad donde nunca imaginó vivir. Lo contó en Taficeños por el mundo, el segmento de Mediodías Taficeños conducido por David Correa, esta vez secundado por Sebastián Gil Olivares.
Un taficeño en Niza: del sueño lejano a la Costa Azul
Benero vive hace «un poco más de un año y medio» en Niza, Francia. Llegó, explicó, por «una sumatoria de cosas que yo no tenía planeadas». De chico quería hacer un intercambio o viajar, pero nunca se le dio: «Cuando uno crece en un pueblo chico ve ciertas cosas como un poco probables o muy lejanas».
Después se mudó a Buenos Aires, donde vivió cuatro años y se puso en pareja. A los dos años de relación, su pareja tuvo la oportunidad de tramitar la ciudadanía italiana y lo invitó a acompañarlo. Él intentó hacer lo mismo, porque también tenía abuelos españoles e italianos, pero no logró reunir todos los papeles. Entonces decidió buscar una visa por su cuenta para llegar a Europa.
Con 35 años, tenía pocas opciones: «La mayor cantidad de opciones es para gente que tiene menos de 30». Eligió Francia porque estaba cerca de Italia y pedía menos requisitos. La ciudad también fue una decisión estratégica. Viajaría en verano y le convenía una ciudad costera, donde hay más trabajo. París, dijo, «puede ser demasiado» para quien no habla el idioma y sale del país por primera vez. Eligió Niza, cerca de la frontera con Italia, y con un amigo que vivía ahí hace cinco años. Su pareja llegó al mes siguiente.
Arquitecto taficeño en Niza: papeles nuevos y un idioma por aprender

Su visa de vacaciones y trabajo, de un año, se venció. Logró casarse y esperó mucho para tener sus papeles, que llegaron hace un mes. Por eso ahora busca trabajo. «Con una estabilidad más larga, me gustaría volver a lo que estudié, que es arquitectura», contó. Reconoció que es más difícil: «Es otro idioma, con otras reglamentaciones». En Argentina trabajó en arquitectura de vivienda y, en los últimos años, en stands, ambientaciones y branding para marcas. En Francia, dijo, hay «cien veces más de posibilidades».
Sobre el idioma fue honesto: se lleva «mal», aunque puede defenderse. Su primer trabajo, durante seis meses, fue en una heladería llena de argentinos, entre ellos muchos tucumanos. «Hablaba en argentino y hasta hablaba en tucumano», bromeó.
Como arquitecto, está fascinado: «Amaba Buenos Aires porque tenía una arquitectura muy típica francesa. Llegar acá es todo lo que me gustaba de Buenos Aires multiplicado por mil«. Niza, describió, no es ni muy grande ni muy chica: tiene montaña, mar y universidades. Mónaco queda a 30 minutos hacia un lado y Cannes a 30 minutos hacia el otro. Y aunque no sabía mucho de la ciudad antes de elegirla, afirmó: «No me arrepiento de nada».
Las protestas en Francia, vistas por un taficeño en Niza
Benero también fue testigo de las protestas que se vivieron en Francia. Contó que las más graves ocurrieron en París, Marsella y Lyon, pero que también hubo en Niza. Ese día trabajaba en la heladería, ubicada en la calle principal, entre la plaza central y la costa. «Veíamos correr todo el tiempo a la gente de un lado al otro, las bombas de gas. Cerramos todo rápido y nos fuimos», recordó.
Según su relato, la situación continuó un poco al día siguiente y después se calmó bastante. Explicó que las manifestaciones fueron más graves en ciudades con mucha gente joven, y que Niza es «como un Mar del Plata», con muchas personas mayores. Aun así, un comerciante que se enfrentó a unas 15 personas que querían entrar a su local se volvió muy conocido, y eso pasó a tres cuadras de su casa. «Nosotros siempre tratando de mantenernos al margen, pero con los ojos bien abiertos«, dijo.
El taficeño en Niza que extraña Tafí Viejo: «extraño todo»

Benero contó que le pasó lo inverso a mucha gente de ciudad: «Yo crecí al pie de la montaña y subido a los árboles, y lo que más añoraba era ir a una gran ciudad». En Buenos Aires casi no extrañaba, pero a la distancia cambió todo: «Extraño mucho a Tafí Viejo».
Lo que más extraña es estar en las casas de sus hermanos, donde se reunía la familia y que él mismo diseñó. «Es una casa en la que me siento cómodo porque sé que ellos se sienten cómodos», explicó. Después viene su grupo enorme de amigos, «Los Mabeles», con quienes siempre estaban juntos, y, sobre todo, «la gente que quedó en Tafí Viejo».
«Uno tiene que entregar, soltar y la vida devuelve.»
A los jóvenes que sueñan con Europa les dejó un mensaje. Coincidió con que hay que estar preparados para cuando llegue una oportunidad, pero agregó que esa es solo la mitad: «A veces uno no llega como lo planificó, pero de una u otra forma la vida da vuelta y te sorprende con otra cosa aún mejor de lo que vos pensabas«. Su propia historia lo demuestra: «Mi sueño siempre fue ir a un país, hacer un estudio y volver. Y resultó que eso terminó pasando, pero de otra forma totalmente distinta».
