La pediatra María Cecilia Rea contó en La Mañana de Dale cuánto exige realmente formarse como médico residente en Tucumán y por qué esa etapa cambia para siempre

Cada 23 de septiembre se conmemora el Día del Médico Residente, una fecha que busca visibilizar una de las etapas más exigentes de toda la formación médica. En diálogo con Sebastián Gil Olivares en La Mañana de Dale, la doctora María Cecilia Rea (MP 9087), médica pediatra del Hospital de Niños e instructora de la residencia médica de Pediatría y de Cuidados Paliativos Pediátricos, explicó en qué consiste ese camino y cuánto tiempo insume.
Un recorrido de más de una década
La carrera de Médico en la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional de Tucumán dura siete años, entre ciclo básico, ciclo clínico y prácticas supervisadas. Ese título habilita como médico generalista, pero según Rea, es la residencia la que realmente forma para atender pacientes: «la residencia es la que te especializa sin dudas dentro de todos los títulos de posgrado que hay».
Para acceder a una residencia médica en Tucumán es obligatorio tener el título habilitante y aprobar un examen único provincial, escrito y de opción múltiple, con cien preguntas. El ingreso se define luego por orden de mérito, tanto para elegir la especialidad como el hospital.
Entre 3 y 5 años más de formación
Las residencias duran, según la especialidad, entre tres y cinco años; la de Pediatría se extiende cuatro. A eso pueden sumarse post básicas de dos o tres años más. «Son varias dentro de las residencias médicas y también hay residencias en enfermería, en bioquímica», detalló la profesional. Actualmente el Hospital de Niños cuenta con unos 40 residentes de Pediatría y solo uno en Cuidados Paliativos, un número que la instructora considera insuficiente.
Una etapa dura, pero necesaria
Rea remarcó que se trata de un cargo pago, con aportes y obra social, y advirtió sobre la baja sostenida de interesados en especialidades clínicas como pediatría o medicina general. También compartió un recuerdo personal: la primera paciente que perdió durante su residencia, una experiencia que describió como «muy dura» pero que la ayudó a comprender los límites reales de la profesión.
Para la médica, el mensaje es claro tanto para quienes eligen el camino como para quienes gestionan la salud pública: «el sistema de residencias me parece a mí lo más adecuado para poder brindar atención de calidad».
